¿Qué realidad creas con tus comunicaciones?

¿Sabes cómo mejorar tu bienestar a través de la comunicación?

Nuestra relación con el mundo es través de la comunicación. Nos comunicamos a través del lenguaje, los gestos, el cuerpo y con nuestra energía.

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By Mónica Lou

Al decir lo que decimos, al decirlo de una manera y no de otra, o no diciéndolo, abrimos o cerramos posibilidades para nosotros y para otros. Creamos realidades.

Detrás de toda comunicación existe una serie de emociones y tipos de conductas que nos llevan a adoptar un estilo de comunicación específico, que muchas veces nos llevan a situaciones que no sabemos gestionar y nos producen malestar.

Podemos hablar de formas de comunicación positiva y negativa según el efecto que tengan en nosotros y en los demás.

Un estilo de comunicación es más que una manera de hablar. Es una expresión de cómo nos percibimos a nosotros mismos, de cómo percibimos a los demás y de cómo reaccionamos ante las circunstancias y las personas que nos rodean. La forma en que nos comunicamos afecta también a las percepciones de los otros en cuanto a nosotros; es la imagen que proyectamos ante los demás.

Nos comunicamos desde un lugar diferente dependiendo de la persona con la que hablemos, del tema que tratemos o de la situación.

Cuando nos comunicamos de forma pasiva aceptamos las órdenes y nos sometemos a los deseos de los demás. Evitamos el conflicto, aunque eso implique ir en contra de nuestros propios intereses o necesidades. Nos sentimos incapaces de decir “NO”, por lo que muchas veces los demás pueden aprovecharse para lograr sus propósitos.

Con el tiempo, mantener este tipo de comunicación, puede hacernos acumular rencor y resentimiento al no expresar los sentimientos y opiniones, provocando emociones como la ansiedad y la ira.

Tender a una comunicación pasiva lleva implícita creencias negativas sobre uno mismo y creencias positivas sobre los demás. De ahí que se anteponga los deseos y las necesidades de los otros frente a las propias.

Cuando nos comunicamos de forma agresiva utilizamos la amenaza y la acusación para conseguir nuestros propósitos. Existe en el trasfondo la creencia de que los deseos y necesidades de otros no son importantes. Incluimos frases como “tú siempre…” y “tú nunca…”.
Utilizar de forma recurrente este tipo de comunicación, con el tiempo, provocará que las personas se alejen, evitándonos.

Cuando utilizamos una comunicación pasivo-agresiva son situaciones en las que no sabemos cómo hablar de forma directa sobre nuestras necesidades y sentimientos, motivo por el que recurrimos al sarcasmo o la ironía. Decimos lo contrario de lo que queremos u opinamos (decimos sí cuando queremos decir no, o al contrario). Al no expresar los sentimientos y necesidades, las acciones no reflejan los sentimientos, siendo pasivos por fuera y agresivos por dentro. Por ejemplo, decimos “Ay, pobre” de frente y luego criticamos a la persona a la que se hemos dicho.

Este estilo de comunicación y de conducta hace daño a las relaciones interpersonales y lesiona el respeto mutuo.

Cuando nos comunicamos asertivamente hablamos de forma clara y directa, expresamos nuestras necesidades, opiniones e ideas sin ofender a los demás. Respetamos las ideas ajenas, aunque no las compartamos.

Mantenemos la escucha de lo que dicen los demás y somos capaces de asumir que no tenemos razón si es necesario, lo que evita que las personas se pongan a la defensiva.

Con esta forma de comunicación se encuentran soluciones y acuerdos, se favorecen las relaciones de igual-igual. Hablamos desde uno mismo y de la propia experiencia, se utiliza el Yo.

Un ejemplo de comunicación asertiva sería “Yo entiendo lo que dices, y puede que tengas razón, pero que llegues tarde media hora me hace sentir que no respetas mi tiempo” en vez de “tú siempre llegas tarde”. De esta manera validamos lo que dice el otro, a la vez que comunicamos el mensaje que queremos.

Solemos utilizar la combinación de estilos según las circunstancias. Una persona que normalmente es asertiva puede asumir una actitud pasiva para evitar un conflicto serio, o puede dar una orden en forma contundente en una situación de peligro.

Cada persona desarrollamos nuestro estilo de comunicación en base a nuestras experiencias de vida y ese estilo está tan arraigado que no siempre somos conscientes de él, pero es el responsable de nuestra realidad.

Aunque tendemos a mantener un mismo estilo a través del tiempo, si la forma en que nos comunicamos nos genera conflictos y frustración podemos cambiarlo, entrenando la comunicación asertiva.

Mediante el coaching (entrenamiento) se consigue accionar la comunicación asertiva para conseguir nuevas realidades que aporten mayor bienestar como:

• Ayudar a comprender y reconocer nuestros sentimientos y emociones
• Gana el respeto de los demás
• Promover la confianza y estima propias
• Mejorar la comunicación y las relaciones interpersonales
•  Desarrollar las destrezas para tomar decisiones
• Reducir la ansiedad social

Cinco pasos para desarrollar la comunicación asertiva:

1. Identifica tu estilo. ¿Expresas tus opiniones o permaneces callado? ¿Dices que sí cuando quisieras decir que no? ¿Tiendes a juzgar o culpar a otros con mucha facilidad? ¿Te parece que la gente teme hablar contigo? ¿En qué estilo de comunicación sueles moverte?

Ejercicio de evaluación del estilo de comunicación:

Una amiga te llama para pedirte un favor, que recojas a sus niños en el colegio porque ella no puede. Tú tienes cosas que hacer y no contabas con ello, qué contestarías:
A. “O.K. Yo tengo mucho que hacer, pero está bien.” Pasivo
B. “¿Tú estás loca? Yo estoy muy ocupada y tus niños son muy desobedientes.” Agresivo
C. “Claro que sí, si no queda más remedio. Como tú siempre estás tan complicada…” Pasivo-Agresivo
D. “Me gustaría, pero hoy tengo cosas que hacer. Quizás otro día pueda.” Asertiva

2. Entrena el decir que no. Si te cuesta trabajo negarte a algo, ensaya diciendo “No, ahora no puedo hacer eso.” No es necesario justificarse. Si tienes que dar alguna explicación sé breve.
3. Ensaya lo que quieres decir. Si te resulta difícil decir lo que quieres o pienses. Visualiza que estás en la situación específica y di en voz alta el mensaje que quieres transmitir. Puedes escribirlo antes, o ensayar con un amigo.
4. Usa el lenguaje corporal. La comunicación no es sólo verbal. Mantén el contacto visual, una expresión facial neutral o positiva y una postura recta o ligeramente inclinada hacia el frente. Cuida tus manos y evita los gestos dramáticos. El espejo es un excelente interlocutor para ensayar.
5. Gestiona tus emociones. En una situación de conflicto, podemos sentirnos frustrados, o furiosos, o tener ganas de llorar. Tómate tu tiempo para asimilar las emociones y exprésate después de forma calmada y recuerda usar frases “YO” y expresa como te hace sentir cuando la persona hace “algo” y haz la petición de lo que necesitas.

Artículo publicado en la revista Espacio Humano del mes de Junio del 2014

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Mónica Loureriro Dios

Coach personal, ejecutivo y de equipos.